.: Shougatsu :.
Por Hoshino Haruka
Era desesperante escuchar en todas partes la “noticia” de que el año se estaba acabando; sinceramente frustrante ver en todos lados amuletos de la buena suerte para el año que iniciaría: muñequitos, monedas, corderos de peluche, estampas de santos que no tenía idea que existían....
—¡Hice una cena deliciosa!
...Y los pretextos se amontonaban como periódicos viejos en la puerta. Todo mundo quería una excusa para comprar algo, para cocinar algo, para decir “gusto en conocerte” o “adiós”... ¿Qué tan odiosa podía llegar a ponerse la gente?
—¡Te va a encantar!
—Mamá...
¿Cuántas veces tenía que negarse a asistir a los festejos? ¿Una?, ¿dos?, ¿mil veces? Era la quinta persona a la que le decía “no” ése día; ni siquiera quería pensar en las invitaciones rechazadas de los demás.
—Yukki... —contestaba aquella voz triste— tu padre y yo queremos que vengas.
—No encontraré vuelos a estas alturas.
—Puedes... si quieres, pero...
Pero no quería. ¿Era tan difícil de entender que el Año Nuevo se le hacía vano e inútil? De nada servía hacer propósitos mentirosos que se esfumarían entre la espuma de la sidra y la champaña.
—Es muy tarde, mamá. Dile a papá que me es difícil ir. Lo siento.
El tubo del teléfono se calló de repente; tal vez había sido culpa de la línea telefónica, o tal vez su madre estaba demasiado enojada como para seguir hablando con él. Dejó el aparato en su lugar y se tumbó en el sillón de la sala.
—¡Ding, dong, Yukki-chan! —canturreó la alegre voz de Ken mientras ingresaba al apartamento.
—Omae, ¿cómo entraste aquí?
—Tengo copia de tu llave —dijo mostrándole el arma del crimen pendiendo de un llavero.
El baterista colocó uno de los cojines sobre su cara ocultando su fastidio. No solía ser malhumorado, pero la insistencia del mundo entero para que celebrara una fecha era...
—Es inútil, Yukki-chan.
Por supuesto que lo era. Inútil celebrar un día sin significado, pero Ken no lo entendía ¿y cómo lo haría?, si era el rey de las parrandas. Ignoró el canturreo de su amigo mientras dejaba unas bolsas sobre la barra de la cocina. Escuchó el tintinear de dos copas y el líquido vertiéndose en ellas.
—No voy a beber nada que me des, Ken.
Pero el viento de la calefacción se llevó las palabras, y una de las manos de Ken retiró el cojín para entregarle con la otra una copa de vino.
—Saa, no hay uvas ni sidra; ni buenos deseos ni un “felicidades”.
Lo miró con desconfianza y después cedió, tomando un pequeño sorbo queriendo asegurarse que la bebida no se transformaría de repente en el festivo alcohol. Ken negó resignado y encendió la televisión, buscando sin mucho ánimo alguna película quizá.
—¿Ken-chan?
—¿Nani? —contestó ausente.
—¿Te gusta el Año Nuevo?
—Me da igual, Yukki.
De alguna forma no esperaba esa respuesta, pero sonaba lógico lo que decía, después de todo el guitarrista había ido a pasarla con él y no con su familia o amigos. Yukihiro sabía que Tetsu estaba dando una fiesta no muy lejos de su casa, pero Ken no se veía con intenciones de moverse del sillón en un buen rato.
—Me gustan las fiestas —dijo su amigo después de pensarlo y tras cambiar de canal por enésima vez.
—Sou.
—¿Estás triste?
—No. Me pone de malas que quieran forzarme a ser feliz.
Eso tal vez sonaba un tanto pesimista, pero no quería ser otro de los que dan excusas, porque la verdad era lo único que le gustaba; porque la verdad no hiere si existe siempre.
—Todos quieren que seas feliz. Tu mamá, tu papá, Tetsu, Haido, y hasta yo.
—¿Te enviaron todos ellos aquí?
—No, me envié sólo.
Y eso también sonaba mucho a Ken. Siempre queriendo hacer lo que se le viniera en gana, siempre sin querer ser predecible, sin querer ser esperado; como él, que odiaba tener que asistir a algo sólo porque alguien más lo quería ahí. Aunque Ken era diferente. Ken era el alma de las fiestas, incluso de la vida de los demás, cuando él aparecía el cuarto se iluminaba, ¿pero por qué había ido a llevarle todo eso a él?
—Yukki, no estés triste.
Era extraño que hablara tan directamente. Tal vez no conocía al Ken Kitamura de verdad, probablemente estaba haciendo su aparición frente a él porque leía mejor sus emociones.
—Aunque no quieras estar con nadie yo te quiero. No llores, Yukki. Tú ya eres un sol para mí.
Su rostro debía verse gracioso con esas lágrimas escurriendo, por combinar la sal con la risa, como sólo Ken sabía hacerlo. El llanto era propio, pero su sonrisa la había tomado prestada del guitarrista.
—Deja de hacerte el sensible, Ken —dijo tratando de levantar una barrera.
—Ne, Yukki. ¿Por qué no te gusta el Año Nuevo?
Tenía muchas respuestas pero su boca no quería hablar, sólo respirar el fino humo de tabaco que Ken exhalaba y que entraba y salía a placer de sus pulmones. Sin quererlo posó sus ojos sobre el reloj de la pared, el odioso segundero se movía amenazante ante la mirada de ambos.
—No me lo digas —le advirtió el baterista adivinando los pensamientos del otro.
—Warui ne~
Tenía ganas de enojarse con él por eso, pero el reloj le tenía preocupado.
—No te lo diré si no quieres, pero desearé que así sea.
—¿El qué? —preguntó intrigado.
—Saa ne~
—Ken.
A veces quería deshacerse de su curiosidad, pero era imposible, por más que se dijera que no tenía importancia de pronto lo que tenía que decirle Ken era un secreto inaguantable.
—Ya viene —dijo su amigo mirando el segundero avanzar.
—¡No lo digas!
Los segundos parecían eternos.
—¿Quieres cenar? —preguntó Ken dirigiéndose a la cocina. Yukihiro miró los últimos segundos del año pasar sin pena ni gloria. Creyó que el guitarrista regresaría a darle un apretón de manos pero no fue así. El 2010 entró por la puerta sin recibir la bienvenida, pero no le importó. A lo lejos escuchó el horno de microondas pitar, y a Ken servir dos platos de ramen instantáneo.
—Te ayudo —dijo llevando servilletas y palillos a la sala. El brazo de Ken rodeó su cuello por detrás al igual que su aliento, la barba de dos días le hizo cosquillas en el cuello mientras sus labios lo besaban. Después el bao tibio rozó su oído invitándolo a girarse, lo cual hizo con cierta dificultad.
—Feliz Año Nuevo, Yukki. Deseo que seas feliz.
Tal vez un pretexto era el que Ken necesitaba para estar con él, tal vez quería empezar el año con los latidos de su corazón acelerándose.
De cualquier forma... de pronto los pretextos sabían a dulce tabaco.
Notas:
¡Feliz Año Nuevo a tod@s! Les deseo lo mejor en este año, esperemos que todos nuestros deseos se cumplan.
Este pequeño one-shot lo escribí en este preciso momento XD, no lo tenía planeado ni nada, salió así sin más. Creo que me habré tardado como media hora o algo así, fue realmente fácil *-*, probablemente es una señal. ¡Sou! Significa que este año podré tener a mis musas de regreso Xd.
Gracias por leer ^^.
Por
Hoshino Haruka
© 2006-2009
Agosto 5, 2006