.: Masquerade :.
Por Hoshino Haruka
Capítulo 7
¡Bastardo Anis! ¿De qué otra forma se le podía llamar? Los sobrenombres volaban a su cabeza, todos ofensivos, todos despectivos, pero ninguno capaz de expresar con exactitud el coraje que sentía por dentro. Apretó su copa de whisky tentando al barato cristal a romperse, pero no sucedió; varias miradas curiosas se fijaban en él pero eso no le importaba, su atención estaba en otro lado, con una melodía revoloteando en su cabeza, movida, llena de adrenalina, con acordes que subían y bajaban, con los brazos de Anis enrollándose alrededor de su cuerpo, con sus labios buscándole.
Perdóname. ¿Es que creía que esa palabra era suficiente?, ¿compensaba la traición que había sentido? Se quedó pensando por unos momentos.
La traición que había sentido. Aquella frase volaba tan lejana de sí misma, como una línea demasiado usada, como un cliché hartante, vacío e inútil, sin sentido alguno para nadie. ¿Y por qué sentía ese dolor?, ¿porque Anis bajaba cada vez más un escalón de dignidad buscándolo?, ¿porque esos ojos tan alegres ahora estaban demasiado húmedos para acompañar su sonrisa? Una sonrisa que ya no aparecía.
De pronto se sintió demasiado cansado de cavilar, como si una pesa se fuera a posar en su garganta tirando de él hacia abajo, jaló con dificultad aire hacia sus pulmones y cerró los ojos, buscando un descanso a tantos pensamientos y tantas preguntas.
Perdóname. Pero esta vez era su voz la que entonaba dentro de su cabeza.
—Hola, querido —dijo una voz melosa a su lado. Ali volvió la cabeza, abriendo los ojos despacio, encontrándose con la cara de una mujer sonriendo, su cabello corto le llegaba al mentón, pero unos mechones largos sobresalían de su corte, la pareja fila de dientes se mostró aún más cuando su rostro confundido pareció preguntar “¿quién eres?”—. Te vi aquí sentado, tan solo —explicó.
Ali estaba demasiado ebrio como para tener algún gesto de cortesía, así que volvió su cabeza al frente, observando las botellas recargadas en la pared de espejo; pero la mujer se negó a aceptar la negativa, hizo una seña al barman pidiéndole dos bebidas. El bajista no pudo continuar ignorándola cuando una vaso de deslizó hacia él.
—No bebo vodka.
—¿Demasiado ligero? Si quieres puedes pedir otra cosa.
—Es lo que llevo haciendo desde antes —respondió cortante, después tomó el vaso con brusquedad y bebió hasta dejarlo vacío; la mujer lo miró confundida.
—¡Vaya! Menudo ebrio, ¿rechazas mi bebida y aún así la tomas?
—No estoy ebrio.
—Yaaaa, y yo soy un espejismo — carcajeó acercándole una nueva copa, esta vez con una sustancia diferente.
—No me vengas a fastidiar con cosas, no te conozco y no me interesa hacerlo, así que largo.
Ella se inclinó alejándose de él, el joven se había vuelto un tanto insoportable, pero era demasiado interesante como para dejarle.
—¿Quieres que me vaya?
—Haz lo que quieras.
Entonces recuperó su sonrisa; cruzó la pierna seductoramente y se recargó en la barra para poder mirarle a la cara.
—Bien, pues lo que quiero es que me digas por qué eres tan desagradable conmigo, soy una mujer, deberías tratarme mejor —le reprochó.
—Para mí es igual a si eres una urraca ruidosa.
—Pues no te dejaré en paz hasta que me cuentes —acentuó su actitud con un dedo apuntándole acusadoramente. Ali ni siquiera la miró, pero respondió con tono derrotado:
—Bien.
La mujer sonrió satisfecha consigo misma enseñando sus dientes en la misma forma de antes.
—Comienza —demandó, ganándose un bufido de fastidio del bajista.
—Estoy siendo acosado —declaró—, atormentado por un demonio del caos —agregó a su explicación con un gesto de manos.
—¿Quién es? —preguntó intrigada.
—Alguien innombrable, capaz de meter a cualquiera en un estado mental enfermizo.
—¿Sí? —sus ojos se abrieron.
—Sí.
Luego hubo silencio, hasta que la impaciencia volvió a empujarla a preguntar.
—¿Y quién es?
—¡Una urraca ruidosa!
—¡¿AH?! Pero... tú dijiste...
—¡Largo de aquí, mujer, no me traes más que molestias! Ya dije que no voy a decirte nada.
—¡Grosero! Lo único que quería era ayudarte, ¿eres así con todos los que intentan estar cerca de ti? —la enfurecida mujer tomó su bolso y dio media vuelta, pero un brazo fuerte la agarró—. ¿Y ahora qué? No voy a molestarte más.
— Perdóname.
—¿Nada más? Te la has pasado insultándome, diciéndome urraca y molesta, ¿no tienes algo más que decir?
—Lo lamento.
Ella suspiró resignada, aquel muchacho no era de muchas palabras cuando se trataba de pedir perdón, pero algo le dijo que valía la pena quedarse, así que tomó asiento de nuevo, esta vez totalmente en silencio.
—Tengo un amigo —comentó él como quien no quiere la cosa—, formamos una banda hace pocos años, todo estaba de maravilla... hasta que firmamos contrato. —Ella lo miró atentamente, indicándole con su silencio que siguiera—. Al principio fue estupendo, tendríamos oportunidad de tocar en cualquier lugar importante.
—¿Pero?
Ali suspiró.
—Pero después descubrí que mi amigo estaba acostándose con el dueño de la disquera.
—¡Ouch! Ne, ne, ¿pero por qué haría él algo así?
—¿Por qué lo haría? Pues no sé, he ahí la cosa. Una parte de mí me dice que tal vez Anis se dejó engatusar muy fácilmente, y otra parte dice que se acostó con él para que nos diera una mano.
—Oh —dijo ella. Perdió su mirada en el vaso de vodka, mirando el reflejo de las botellas en la pared sobre su bebida—, eso sería decepcionante. Pero tampoco creo que tengan tan poco talento como para necesitar de esa “ayudadita”, ¿no crees?
—Saa~ eso ya no lo sé.
—¡Vamos, vamos, hagamos una cosa! Tú me dices el nombre de tu banda y yo te digo si los conozco, y si es así te diré con sinceridad qué me parecen, ¿de acuerdo?
Ali la miró extrañado por el repentino arranque de entusiasmo, creía que la chica había dejado ese estado de ánimo de lado; pese a eso, respondió:
—Somos MONORAL.
—Pues ni puta idea.
—Lo sabía —volvió el rostro hacia su trago, decepcionado.
—Lo siento.
—Naa, no serás la única que no tiene ni puta idea de nosotros.
—Lo siento —repitió—. ¿Puedo compensártelo con una copa?
Ali suspiró resignado, aún sin levantar la cabeza.
—Tú nunca te rindes, ¿verdad?

Unos cuantos minutos caminando y nada, si hubiera menos rascacielos en Tokio seguro podría saber si estaba por amanecer, pero el horizonte estaba cubierto por altos edificios de vidrios como espejos, reflejando únicamente la luz de los postes. No quería volver a casa, porque eso significaba ver a Ali, ver su cara indiferente que cada vez desviaba más la vista de él; así que prefirió seguir aquel camino que llevaba a todos lados y a ninguno.
Hacía rato apagó su celular, harto de colgar las llamadas insistentes de Eric que por algún extraño motivo se había enterado de los sucedido (o parte de, al menos). Hyde también había tratado de llamarle, pero con menos vehemencia que el otro, apenas unas tres llamadas, demasiado seguidas y poco constantes.
De pronto se halló sonriendo, con esa sonrisa extraña y demente que sale cuando uno lo ha perdido todo, cuando los buenos momentos a lado de la persona que más amaba se alejaban despidiéndose con todo y maletas en mano, cargadas de risas y besos, de abrazos y miel. La sonrisa se ensanchó aún más, esta vez por la exageración de sus pensamientos, riéndose de lo irónico que era que cada momento con Hyde fuera tan precioso ahora como no lo fue antes.
Recordó aquellas palabras que había dicho en el estudio: “Te amo”, decían, pero él no había podido responder mas que con un “me duele la cabeza”, aun cuando Hyde le pidió respuesta. ¿De qué le serviría una respuesta a él?, ¿le daría gusto saber que Anis lo amaba mientras que él sólo lo mantenía oculto de su amante?
Oculto... como se sentía ahora en plena ciudad, oculto por la noche y los rascacielos, oculto bajo una máscara que Hyde le había puesto sin que él lo supiera. Por primera vez Anis sintió esa máscara pesarle, como arcilla mojada, moldeándose todavía sobre su piel pero sin desmoronarse. Entonces deseó quitársela, romperla, desmigajarla hasta no dejar nada....
—¡Oye! —se oyó a sus espaldas—. ¡Sí, tú! ¡Oye!
Por algún extraño sexto sentido su corazón empezó a acelerarse, su piel a su sudar, advirtiéndole de algo no muy bueno.
«No contestes» se decía a sí mismo.
—¡Oye, por aquí!
Giró un poco la cabeza cubriéndose con su cabello, esperando que el sujeto ése no lo viera, se encontró tres cuerpos moviéndose, uno a unos diez metro de los demás a pocos metros del primero. Los tres se movían rápido, dejando ver que tenían la suficiente condición para echarse a correr tras él en caso de que se le ocurriera hacerlo.
Caminó a paso veloz por cinco minutos sin dejar de oír nunca los seis pasos siguiéndolo, todo el tiempo no pararon de llamarle, gritando cuando alcanzaba a tomar cierta distancia de ventaja, pero poco tiempo después volvía a estar igual de cerca.
Su respiración se alteró aún más, podía sentir la adrenalina correr por sus venas, pero incluso así jamás podría escapar de los tres.
«Tienes que intentarlo» pensó. «Bien, a la de tres... uno... dos... ¡TRES!» Al principio fue fácil correr, sentía que sus piernas se movían por instinto, pero duró poco la energía y antes de perderlos de vista se encontró demasiado cansado como para seguir. Ya no escuchaba los gritos de los tres tipos, pero sí sus pisadas, cada vez menos pausadas y más fuertes. De improviso, una mano forzuda lo asió del abrigo deteniendo su carrera, luego un brazo igual de macizo jaló de su torso hasta arrojarlo contra la cortina de metal de un local.
—¡Te tengo, escuálido cabrón! —La cara de un hombre amarillento se acercó a él expulsando su ácido aliento sobre su rostro. Después llegaron sus compañeros, muy similares al otro pero con gorros que casi cubrían sus ojos. Uno de los dos se acercó también a él, ahora sujetando a Anis de un hombro cada uno.
—Nos has hecho correr en plena madrugada, ¿sabes lo que eso te va a costar?
El inclemente puño del asaltante fue a parar a su estómago, doblando su cuerpo del dolor hasta donde el agarre de los dos le permitía. Si bien siempre se había considerado alto, frente a los tres ladrones se sentía completamente pequeño, medirían dos metros como mínimo, era obvio que eran de alguna familia extranjera.
—¡El dinero, ahora! —ordenó el primero.
—¡No llevo nada encima, apenas mi teléfono y billetera!
—¡Perfecto! ¡Sebastián!
«Como pensé: extranjeros». El tercer sujeto se acercó por primera vez, fue imposible verle la cara, la mantenía gacha y cubierta con el gorro. Mientras los otros dos lo sostenían, el tal Sebastián esculcó sus bolsillos del pantalón y la chaqueta, sacó su celular y lo guardó en una bolsa negra de plástico. Lo peor fue cuando al abrir la cartera lo único que encontró fueron unas cuantas fotos de sus padres, dos tarjetas de membresía a tiendas de discos y su identificación.
—¡Este no tiene ni una mierda! —informó enojado a sus compinches.
—Tú di qué le hacemos, no me apetece dejarlo así nada más cuando nos hizo pegar carrera —contestó el segundo.
—Perfecto, pues encárguense de él.
Anis sintió que el corazón se le paralizaba, una onda de nervios lo inundó profundamente, sintió unas náuseas terribles. Después todo fueron golpes e insultos, y dolor, en las piernas, las costillas, la espalda y la cabeza...
—¡Di buenas noches, escoria! —acto seguido un golpe se descargó sobre su cabeza, volviendo todo negro...

—¡Ay, ay, que yo manejo, coño!
—¡Cállate, Takanori!
—¡Ay, estás sangrando! ¡Vas a enterrarte más los vidrios si sigues aferrándote así al volante!... ¡Tet-chan, baja la velocidad!
—¡O te callas o te bajo en el primer semáforo que vea!
—¡Ay, ay, Tet-chan! —Takanori estaba en pleno ataque de nervios, después de convencer a Tetsu que lo mejor sería un médico y no seguirse ahogando en alcohol, el bajista tomó las llaves del auto y ahora conducía como loco a lo que según él era una clínica privada.
—¡Bah! Un poco de sangre y gritas como nenaza.
—¿¡Un poco de sangre!? ¡¿Te has visto la mano?! Parece carne molida, ay, ay qué asco.
—¡Ah no, ni te atrevas a vomitar en mi coche, Nishikawa!
—¿Me lo dices a mí, tú, ebrio de pacotilla? Me extraña que no nos hayamos matado, o nos hayan multado cuando menos.
—Siempre quise ser conductor de fórmula uno y...
—¡Tet-chan, es luz roja!
—¿Quién se nos va a cruzar las... —hizo ademán de ver el reloj en su muñeca pero recordó que esa noche no llevaba— algo de la mañana?
—¡En la siguiente luz te paras!
—¡Eras tú el que quería llegar lo más rápido posible a...!
—No, no, es que... necesito vomitar —Tetsu volteó ligeramente su rostro hacia Takanori, éste lucía de un tono verdoso con unas ojeras profundas bajo sus ojos, si se acercaba más seguro podría ver que sudaba frío.
—Servido —dijo cuando llegó al siguiente semáforo en rojo unas cuadras más adelante. Takanori bajó corriendo del auto hacia un callejón, pegó un brinco para sostenerse del borde del contenedor de basura y empezó a devolver.
—Agh... qué asco, dios... las náuseas...
—Ya, ya, pareces primerizo.
—Iagh, es la última vez que te hago segunda en una de tus cosas... ugh...
Tetsu se recargó en la pared contraria del callejón a esperar a que su amigo acabase. Una bolsa apilada sobre una caja resbaló hasta caer, el bajista deshizo su pose y caminó adentrándose al callejón.
—Te... Te...t-chan.
—¡Shhh! Oigo algo.
—¿Un gato quizá? —preguntó su amigo antes de volver a vomitar sobre el contenedor.
—Puede que... pero siento que hay algo.
—¡Ay, vámonos de aquí, es como de mala muerte, y tenemos que ir al hospital y...!
—¡Shhh! —acalló Tetsu. Caminó aún más adentro del callejón, donde la luz casi no alcanzaba a destacar otra cosa que no fueran siluetas, Takanori lo siguió a regañadientes—. Oigo un jadeo...
—¡Vámonos, vámonos, vámonos! —chilló el vocalista pegándose al cuerpo de Tetsu.
—Vuelves a decir una palabra y me encargo de que seas tú el que vaya al hospital.
—¡Ay, malvado, yo que todavía vengo a protegerte hasta acá! —Tetsu rodó los ojos y siguió caminando sin decir nada. Tanteó la oscuridad con las manos pero nada que no fueran telarañas. Trató de avanzar un poco más pero un bulto lo detuvo, pateó un poco para examinar aquel bulto, luego lo hizo con más fuerza.
—¡Ugh! —se oyó en el piso.
—¡Ay, Tet-chan! ¿¡Qué es eso!? —gritó Takanori con su aguda voz.
—Es... una persona. Vamos, ayúdame a sacarlo de aquí.
—¿Eh? Pe-pero... ¿qué tal que es un vagabundo y tú andas aquí molestándolo? —Takanori supuso que el gemido de fastidio significaba un “no me interesa” bastante claro, así que sin más remedio se puso en posición para arrastrar al sujeto ése hacia fuera—. Quita, quita, yo lo saco, tú estás herido.
Tetsu hizo caso omiso y usó su mano buena para jalarlo del abrigo. Cuando lograron sacarlo, Tetsu pudo ver mejor su rostro, una nariz fina y ligeramente aguileña salía del resto de su cara, unos ojos semirasgados hacían juego con ella y con sus labios carnoso. Aquella persona era inconfundible, de hecho, era imposible no recodar a quien le había robado a Hyde. Sin pensarlo dos veces lo dejó caer al piso.
—¡Tet-chan! —se quejó Takanori cargando la mayor parte del cuerpo del chico.
—Es él.
—¿¡Pues qué te esperabas una chica!?
—¡No, imbécil, me refiero a que es el novio de Hyde!
—Uy... —exclamó Takanori— es cierto, no lo había notado... ¿qué hará aquí?
En ese momento Anis giró la cabeza hacia ellos insignificantemente.
—¡Agh! No... ya... no más... por favor...
—Tetsu, creo que él está... ¡Tetsu! —al levantar la cara Tetsu estaba alejándose de ellos y se dirigía hacia su auto—. ¿Qué estás haciendo?
—¡¿Crees que me importa saber lo que este inútil está haciendo aquí?! —espetó.
—¡Está herido, Tet-chan!
—¡Está ebrio!
—¡Como tú! —gritó Takanori entristecido por este Tetsu que se comportaba de forma tan cruel. Tetsu bajó del coche enfurecido, se acercó al bajo vocalista y los afianzó del cuello de la camisa.
—¡Sí, como yo! ¿Y sabes por qué estoy ebrio? ¡Por él! Por este tipo y su estúpido novio que no es capaz de decir una verdad por única vez en su vida aunque se trate de su mejor amigo.
Takanori quedó cabizbajo cuando lo soltó, Tetsu volvió a retirse, abriendo la puerta del automóvil.
—Sí... tienes razón, ¿por qué te importaría? —susurró para sí, Tetsu se quedó escuchando—. Finalmente estás tan enajenado contigo mismo que no puedes ver que hay más personas a tu alrededor, sepan de tu existencia o no. Como él —señaló con la cabeza a Anis—, quien no tiene ni idea de porqué lo dejarás aquí porque te apuesto a que no conoce ni tu cara. Pero eso no puedes verlo, porque crees que todo el mundo gira a tu alrededor.
Takanori se arrodilló junto al muchacho y comenzó a alzar su brazo, como queriendo subirlo sobre su espalda. Cuando logró hacerlo, aun cuando la diferencia de altura y peso había sido una lata, giró hacia donde debía estar el auto de Tetsu, pero ya se había ido.

«El mundo no gira a mi alrededor, si así lo hiciera Haido me querría, él me hubiera dicho la verdad... él me hubiera dicho... la verdad». Aquel pensamiento fue como una pesa en su pecho, aplastando la verdad y la mentira en una sola.
Sus manos giraron el volante por inercia, dio la vuelta y siguió derecho hasta que pudo ver el pequeño cuerpecillo de Takanori cargando el larguirucho peso del vocalista de MONORAL.

—¡Eres un sin vergüenza! —Tetsu no contestó, como única respuesta pisó a fondo el acelerador haciendo rugir al motor—. ¿Y encima te enojas conmigo? Mira que creí que me ibas a dejar allí botando, si ibas a regresar no te hubieras ido, ¡además me ahorrabas el dolor de espalda!
El auto frenó en seco empujando al vocalista hacia delante a punto de estrellarse con el tablero.
—¿¡Por qué demonios hiciste eso!?
—¡Takanori! —alzó la voz Tetsu—. Cállate de una vez, estoy tratando de orientar la ruta más cercana al hospital y me estás calando los nervios.
—Ya —replicó con más calma—, pero me las vas a pagar luego... nada más piense lo que quiero que hagas, me las vas a pagar.
Tetsu hizo caso omiso y puso el coche en marcha de nuevo, esta vez con más calma. Les tomó quince minutos llegar al hospital, Takanori llamó a dos enfermeros que le ayudaran a sacar a Anis del auto. Los dos auxiliares, de rasgos plenamente japoneses, inclusive por la estatura, batallaron un poco con el extenso cuerpo del vocal.
—Ve con ellos —dijo Tetsu a su amigo—, estará mejor contigo, yo iré a que me revisen la mano, nos veremos en la sala de espera cuando termine.
—Ya... y... ¿qué hago exactamente? —preguntó Takanori nervioso, en realidad no sabía cómo actuar sobre el chico de MONORAL, no se sentía con el derecho de decidir sobre él.
—Si han de ingresarlo, da permiso a que lo hagan, pero busca a alguien que se encargue de él.
—E-entiendo... yo... yo te avisaré si pasa algo... te veo al rato —el vocal corrió para alcanzar a los camilleros y pronto desapareció tras las puertas automáticas de la sala de urgencias. Tetsu por su parte esperó su turno pacientemente sentado con el resto de la gente, viendo cómo llamaban a uno por uno al consultorio.

Al día siguiente...
La puerta de la habitación 414 se abría, un brazo fuerte y velludo se asomaba posándose bruscamente sobre la pared buscando apoyo. Después salió el resto de su cuerpo, igual de hosco que su extremidad, cansado, pesado, respirando agitadamente gracias a las escaleras que tuvo que subir por culpa de un elevador descompuesto. Se giró hacia la cama y observó.
Un lánguido cuerpo reposaba con el cabello enmarañado en una coleta despeinada, varios vendoletes mantenían cerrada una herida cerca de su oreja, por debajo de la sien. Los pómulos amoratados arruinaban la simetría de su cara, como si le hubieran pegado las facciones de otra persona. Estaba con la misma ropa que el día anterior, la misma camisa negra, los mismos pantalones entubados, los mismos botines gastados, lo único diferente era el olor a suciedad impregnado en las prendas.
—Oye —llamó roncamente; la respuesta no llegó así que volvió a hablar—: oye... ¿Anis?
Anis no respondió, sus párpados seguían pegados uno con el otro sellados por lagañas verdosas.
—Shimada, despierta.
—Mmmh...
—No te hagas el desvalido, abre los ojos.
—¿A-Ali? —apretó fuertemente los ojos y después los abrió de golpe con un gemido agónico, la cara entera le dolía como si hubiera cargado pesas con ella, una nube cubría su visión dificultándole enfocar—, ¿dónde estás?
—Frente a ti, Shimada.
—¿Qué pasó?
—Dímelo tú, yo acabo de llegar —contestó con voz pastosa.
—Me... creo que me asaltaron... recuerdo unos hombres... y los golpes... —su ceño se torció.
—¿Dónde te metiste anoche?, no sabía que Haido te llevara a hoteles de mala muerte.
—... —un gemido salió nuevamente, esta vez de tedio—, no tienes que estar aquí, ya lo sabes.
—Da la casualidad que sí. Me llamaron porque necesitas que alguien venga a llevarte a casa, ¿y adivina de quién hallaron el número?
—No necesito que me lleves a casa, les diré que puedo irme solo. Perdón por molestarte —su voz se endureció de repente, rayando en el sarcasmo. Intentó levantarse pero una punzada en el estómago lo tumbó de nuevo— ¡Por los mil demonios!
—¡Pues no te muevas, soquete! —Ali lo empujó por los hombros aplastándolo contra la cama, después apartó las manos de Anis sobre su estómago y empezó a hurgar bajo su camisa.
—¡No me toques...!
—¡Shhh! ¿Crees que quiero? Estoy buscando algún moretón.
—Ya lo habrían encontrado los médicos.
—Sí, con el cuidado que tuvieron de ponerte algo que no oliera a dos años de resaca..., ¡quita! —luchó con las manos del vocal intentando retirar las suyas.
—¡No necesito que me atiendas! Estabas enojado conmigo, ¿te acuerdas? Y no sé tú, pero yo no haría borrón y cuenta nueva aunque me hubieran extirpado los riñones.
—¿Y quién dice que no sigo enojado contigo? Lo que no quiero es cargar con tu muerte en mi memoria, para que te quede claro.
—¡Pues te libero de tu carga moral, ahora quita! —Se levantó de golpe ignorando el dolor que martillaba cada centímetro de su abdomen, Ali lo siguió tratando de jalarlo de vuelta al cuarto, pero para cuando logró asirlo del brazo ya estaban frente a la puerta.
—No te puedes ir así, al menos deja que te den el alta y...
—...Y no me interesa lo que hagan, yo me voy y fin de la historia.
—Bien, bien —Ali tomó un largo respiro y prosiguió—, al menos déjame acompañarte a casa, no es seguro que te vayas así.
—No voy a ir a casa.
Aquello le cayó como un balde de agua fría.
—¿N-no?, ¿a dónde vas a ir?
—A ti no te importa nada de lo que me pase, así que piérdete —Anis volvió a caminar, y Ali continuó persiguiéndolo.
—¡Ya te dije que no! Pero aunque tú lo digas, mi carga moral sigue, así que no te hagas la nena difícil y déjame hacer algo por ti. —Anis frenó en seco haciendo que el bajista chocara contra su espalda, el alto cuerpo viró hacia él encarándolo con una expresión de ira.
—Deja de tratarme de esa manera, ¿quieres? ¡El único que pone las cosas difíciles aquí eres tú! ¡Si tú no te hubieras enojado no estaría sintiéndome así!, ¡si tú no me hubieras dejado en esa fiesta no me habría ido solo!, ¡y si tú no me odiaras yo podría haberte contado todo! Pero tú ya no eres Ali, ya no eres la persona que yo apreciaba, el amigo que yo quería... tú... tú... —la voz empezó a fallarle al igual que sus piernas, no sabía si por la tristeza o la golpiza a la que lo habían sometido.
—Anis... —Ali extendió su mano para tocar su hombro, pero el vocalista echó a correr antes—. ¡ANIS! —Sin embargo la carrera duró poco, sus pasos perdieron fuerza rápidamente y a pocos siete metros el cuerpo del alto seminipón cayó. Su amigo corrió hasta él, pero toda su ayuda fue rechazada.
—¡Déjame! No es como si pudiera lastimarme más...
—No te vayas... yo... sólo no te vayas.
—No soy una nena, ¿me oíste? —sollozó. Ali lo miró con sorpresa.
—No, por supuesto que no.
—Tampoco soy difícil.
—Eso es discutible —sonrió Ali con ojos vidriosos—. Ven, pillaremos un taxi y nos vamos a casa.
—Espera... —Ali bajó la cabeza, pero Anis trató de encontrar su mirada de nuevo—, no es eso, es que... necesito analgésicos.

Cuando llegaron a casa todo estaba en el mismo lugar en el que lo habían dejado. La ropa tirada, los platos sucios, los muebles atascados de cosas. Cuando se fijó en Ali pudo ver que él también llevaba la misma ropa de la noche anterior, lo único que no había estado allí eran esas ojeras grises abultadas bajo sus ojos, al igual que el cabello hecho un verdadero remolino.
—¿Dónde estuviste anoche?
—¿Celoso de que yo conseguí cita?
—¡Claro que no, pregunto porque pareces salido de una película de terror!
—Por ahí... —contestó con una sonrisilla pícara.
—Malvado Ali, eso eres, un malvado... primero me tratas como basura y después te vas sin mí a conquistar chicas.
—Precisamente por eso, Shimada, porque iba por chicas, por eso no te invité. Ya sé que a ti te gusta más que te den la espalda.
—...
—Anis, puedes reírte, ya lo he aceptado.
—No... eso ya no importa. —Ali se fijó en él confundido—. Haido y yo ya no estamos juntos.
—Oh.
Silencio.
—Quiero decir... que es una pena —sonrió sintiéndose culpable—, no... no será por mí, ¿verdad?
—No. Haido... él... él se fue con otra.
—Ah... lo siento mucho.
—A él no parece que le guste que le den la espalda.
—¡Anis, no me des detalles!
—¡Pero si tú lo dijiste! —le regañó el vocalista.
—Pues sí, pero yo no me acuesto con hombres... ugh... es que es... no me lo imagino.
—Yo tampoco me lo imaginaba —dijo con cierta melancolía, sus cejas se contrajeron en una expresión de añoranza.
—Te perdimos, viejo, te has ido por el camino de Sodoma y eso es pecado... —esperó— ¡por dios, ríete! ¿Qué debo hacer para que me perdones?
La cara de Anis se transformó en una mueca extraña, sus ojos centellearon con algo que asustó al bajista.
—Estás totalmente corrompido —aseguró Ali con horror.
—Perdón, es que sonó muy sugerente —dijo Anis volviendo a la misma cara de antes.
—Eres un depravado, en el pasado eso no me molestaría, pero ahora me temo que tendré que sacar el cinturón de castidad —esperó nuevamente y nada—. Esto me va a costar caro, lo sé.
—Yo no te dije nada.
—No lo digo por eso. Sé que te herí, pero jamás pensé hasta qué punto.
—Fue Haido, no fuiste tú... él me abandonó por alguien más, la culpa es suya por no amarme, y mía por...
—¿Por? —inquirió Ali.
—Mía por no ser lo que él quería.
—Eres un hombre —afirmó en tono de obviedad.
—Ya sé.
—Y él lo es —obvió nuevamente.
—Ajá.
—...
—¿Qué pasa?
—Y... y... eres... tú eres... muy... gu-a-po también... así que no tendrías porqué ser otra cosa —sus mejillas adquirían un tono rosáceo.
—¿Ali...? —Anis sintió algo despertar en su piel, quemando, como un cigarrillo aplastado por debajo de la epidermis.
—¿A-já?
—¿Me... me dejas hacer una cosa?
—¿Implica condones? —rió nervioso.
—No... —contestó.
—Va-vale —Ali esperó sentado en el sillón pequeño de la sala, sus manos apretaban nerviosamente los brazos de piel del mueble, encajando las uñas hasta formar pequeñas lunas profundas. Vio cómo Anis se ponía de pie tambaleante, apretando su abdomen, caminando hasta dejarse caer sobre una rodilla en la alfombra, frente a Ali.
—Yo...
—No me digas que ahora quieres casarte conmigo, Shimada, porque no suelo decir que sí a menos que haya un anillo —carcajeó sin poder disimular su nerviosismo. Anis sonrió elevando su cuerpo a la altura de su cabeza, para alivio de su amigo, pero ese alivio duró poco, ya que sintió a Anis tomar sus manos bajo las suyas, inmovilizándolas contra la piel del mueble.
—No digas nada... —y no pudo aunque así lo hubiera querido; sus uñas se clavaron aún más cuando sintieron los húmedos labios de Anis tocando los suyos, luego presionándose más fuerte hasta agarrar seguridad. Ali cerró los ojos por instinto, imaginando que el aroma a hombre que percibía era de él, que los labios de Anis eran de alguien más.
La cara de la chica con la que había pasado la noche apareció, sonriente, luego seria, luego contraída en un mohín de satisfacción. La suavidad de los labios que ahora sentía por dentro con su lengua eran igual de carnosos, la saliva igual de cálida. Justo cuando había logrado encontrar suficientes similitudes el beso se detuvo, y una cabeza de cabello largo se recargaba contra su hombro, escondiendo el rostro.
—Lo siento.
Pero esa voz no era de mujer, esa voz era de Anis, de su vocalista, de su amigo, de su confidente, de su apoyo...
—No importa —fue lo único que pudo decir.
—En verdad... en verdad lo siento, muchísimo —sollozó Anis.
—No exageres... fue un beso... nada más un beso —contestó Ali.
—Sí... —se quedó pensando—, no es como si hubiera durado mucho, ¿ne?
—Hn, fue corto, fue rápido —aseguró el otro para calmarlo.
—Sí.
—No fue suficientemente largo como para significar algo.
—No, no lo fue.
—Ni tan profundo como para que digas que te gustó.
—N-no...
—Porque no te gustó... ¿verdad?
—No, no me...
Ali se abalanzó sobre él esta vez, dejándolo entre el brazo del sillón y él, hundiéndose en su boca, volviendo a besarlo con más fuerza, con más rudeza, también desesperado, rogando poder tocar cada centímetro de sus labios antes de que Anis lo apartara montando en cólera. Pero su amigo era demasiado complaciente algunas veces, y probablemente la necesidad de perdón lo tenían sometido, por lo que se dejó besar muchas veces. Dejó que Ali deshiciera su cabello, que sujetara sus manos y continuara exprimiendo lo que quedaba de él.
Anis no luchó, ni siquiera cuando ya estaba por desmayarse debido a la falta de aire, en cambió sintió un calor recorrerle, acariciarle como una lengüeta de fuego. Ali paró por fin, liberándolo de sus labios y manos, pero reteniéndolo aún con la mirada.
—Ya está —sentenció—, ¿y eso?, ¿fue lo suficientemente profundo como para que digas que te gustó?, ¿lo suficientemente largo y lento como para que signifique algo? —Su voz seguía igual de ronca, exigiendo palabras.
—¿Por qué lo haces? ¿Por qué importa si me gustó o no, o si significa algo?
—Anis... no quiero que te apartes, no quiero que te vayas, no quiero... que ames a Hyde.
—¿Quieres que te ame a ti? —preguntó, aunque sonaba más a una petición.
—Quiero —fue la única respuesta.
—Entonces no dejes de besarme.
Ali obedeció sin mucho trabajo, se perdió de nuevo en las finas hebras de cabello, esta vez no se molestó en pensar que el aroma de Anis era de alguien más, porque su cuerpo había dejado de tener sentido, ya no importaba si faltaban más curvas, o si el pecho era plano, o si algo entre sus piernas pendía o no. Cortó el beso de pronto, deteniéndose a pensar de nuevo.
—¿Qué? —preguntó Anis.
—Es que se siente... raro.
—Ya sé que no soy...
—No, no eso. Es que tú y yo —señaló a ambos con el dedo— somos amigos desde hace mucho y jamás me imaginé así. Digo: ASÍ.
—Ja, ja, ja, y pensar que nos dimos muchos consejos para conquistar chicas.
—Calla, calla —replicó sonrojándose.
¡Por supuesto que recordaba eso! Cuántas veces se confesaron sus técnicas para besar, y ahora pensar que muchas de esas cosas se las estaba haciendo a...
—¡Aish, esto me va a costar! —bufó el bajista.
—Si quieres yo puedo... emm... guiarte.
—Espera, ¿qué demonios estás pensando?
—Eh...
—¡Nada de eso! ¿me oyes? ¡NADA! Yo no puedo hacer eso, es... es... ¡dios! —su rostro horrorizado se encendió aún más, Anis se preguntó qué clase de imágenes estaba teniendo ahora.
—Ya, yo nada más te decía que el día que te sientas listo yo podría...
—¡Ugh! ¡Qué dolor, qué mella! —Ali se frotó los brazos con fuerza tratando de deshacerse del escalofrío.
—Pues no duele tanto cuando... —las manos de Ali cerraron su boca ahogándolo, después vio una mirada asesina que no combinaba para nada con el sonrojo de toda su cara. Sintió el palpitar acelerado de sus manos contra su rostro.
—No-quiero-saber —le advirtió.
Anis asintió debajo de sus manos, y después esbozó una sonrisa.
—No te pongas nervioso —dijo cuando se halló libre.
—¿Tú no te pondrías? —Anis lo miró con una sonrisa socarrona—, olvídalo —dijo apenado nuevamente—. De todas formas, ¿qué tiene eso de especial?
—Eso duele, Ali —contestó herido.
—Gomen, pero... no lo entiendo —el semblante de Anis se oscureció aún más—. Aunque tal vez un día lo haga.
—Algún día —sonrió tranquilizándose un poco.
Mientras tanto sólo quedaba seguir, seguir con esos labios que ahora se le antojaban deliciosos, llenándolo de un hambre por ellos que lo impulsaron a arrinconarlo de nuevo contra el sillón, volviendo a devorar su boca.
Notas:
No he pasado días muy buenos, primero mi oído me mantuvo en cama, ahora el fallecimiento de mi abuela me ha tumbado los ánimos de hacer lo que sea, y para rematar: mis musas se negaron a darme esa escena que le había prometido a Natty. Aunque sé que tú más que nadie entiendes esto, amiga ;P, pero de todas formas me hubiera gustado complacerte.
Espero poder hacerlo el próximo capítulo (creo que se nota bastante que traté de hacerlo en éste, pero me siento vigilada por mi abuela y no quiero que sepa la clase cosas que escribo XD), además de que ya estoy llegando al punto que quería.
Por lo pronto, estoy feliz con lo que escribí ahora, y estoy feliz en poder haber hecho un capítulo donde no salga Hyde XD.
Gracias a todos por su apoyo, en especial a Natty que no piensa que soy tonta o que hago dramas sin sentido. No te dedico el capítulo aún porque no es precisamente lo que querías, ¡pero ya lo haré!
Los comentarios se aprecian mucho en estos momentos.
Atte.
Hoshino Haruka.
Por
Hoshino Haruka
© 2006-2009
Agosto 5, 2006